
Este primer semestre también trajo consigo momentos de profunda nostalgia y despedidas que nos encogen el corazón. Nuestra querida Gabi se despidió de este plano, dejando tras de sí una estela imborrable de amor y vitalidad.
Aunque Gabi llegó a nuestra familia de Ojitos Lectores siendo ya un poco mayor, encontró aquí un verdadero hogar donde fue inmensamente feliz. Su espíritu era incansable; no le quedó un solo rincón de nuestra institución que no recorriera e inspeccionara. Tenía unas ganas contagiosas de tragarse el mundo, de caminar, de correr y, por encima de todo, de ser simplemente feliz.
Su paso por nuestras vidas es un testimonio vivo del bienestar animal y del profundo respeto que promovemos en nuestros espacios. Gabi nos enseñó que el entusiasmo por la vida no tiene edad. Hoy, con el corazón lleno de gratitud, le decimos: gracias, Gabi, por tanta alegría, por cada carrera y por enseñarnos a amar la vida con la misma intensidad que tú lo hiciste. Tu huella permanecerá siempre viva en nuestros pasillos y en nuestros corazones.